miércoles, 31 de agosto de 2011

La esterilización

Hace 10 días, el viernes por la tarde nada más llegar de trabajar, Fer abrió los transportines para a continuación meter las mantitas dentro e invitarnos a entrar. Cuando pasa esto solemos ir de excursión en el coche pero hoy no nos apetecía demasiado y además ¿separadas?. Ni hablar. O voy con mi hermana o no voy a ningún sitio.

Zelda se ha rendido pronto y ya está encerrada pero yo le he hecho correr detrás de mi un buen rato. Al final me ha arrinconado y me ha cogido por detrás de las orejas. Ya no hay quien se escape del gigantón....

Estoy dentro de en un transportín y no veo a Zelda por ninguna parte; esto no me gusta. La llamo y me contesta pero eso no me tranquiliza. ¿Dónde vamos? ¿Por qué nos ha separado?. Para el coche y yo sigo llamando a mi hermana insistentemente. Fer me baja al suelo y me pone enfrente otro transportín. Mi hermana va dentro, menos mal. Nos damos las patas porque nuestro instinto nos dice que algo va a ocurrir. Nos movemos de nuevo y aparecemos encima de una mesa de metal. Quieren que salgamos y me niego. Es inútil resistirse. Me han pinchado, veo que Fer se va y tengo sueño, mucho sueño.....

Tengo sueño, la visión borrosa y me duele la tripa. Llamo a mi hermana otra vez. Me contesta. Bueno, seguimos cerca una de la otra. Entra Fer y se pone a hablar con otro humano que está haciendo un collar muy raro. De repente se abalanza sobre mi, me agarra la cabeza y me lo pone. Grrrrrrrrrr. No veo por los lados ni me puedo lamer, no me gusta este collar, no me gusta nada.
La esterilización











Ha llegado el día de la esterilización y estoy casi tan nervioso como si me lo fueran a hacer a mi. Llego del trabajo y como a toda prisa. Venga, zumbando al transportin las dos. ¡¡Y una leche!!. Peach se me escapa y casi vomito la comida doblando el lomo para cogerla.

Las meto en el coche y hago un pequeño rally para llegar a tiempo. Peach no para de maullar, es como el llanto de un niño, constante, machacón. Zelda se une a la cantinela de vez en cuando. Creo que separarlas no ha sido buena idea pero es lo que me dijeron que tenía que hacer.

Llego a la asociación justo a la hora señalada y dejo los transportines en el suelo hasta que me llaman para pasar a consulta. Parece que se han calmado un poco y ya no maullan como si las estuviera despellejando pero hay que examinarlas y no quieren salir ni a tiros. Las sacamos entre la veterinaria y yo y las pinchan. Supongo que es algún tipo de calmante. Me dicen que pase a recogerlas pasadas unas horas.

A las siete de la tarde, con Geles, nos vamos para allá. Nos atiende un chico lleno de tatoos, con algún que otro piercing y los pelos alborotaos pero muy simpático. La operación ha ido bien. Hay que hacer las curas dos veces al día, mantener el collarín isabelino 24 horas al día durante 10 días y luego que las quiten los puntos.

La convalecencia tampoco ha sido complicada. El primer día andaban un poco "raro" y casi no comían pero con el paso del tiempo han vuelto a la normalidad: carreras, peleas jugando, escalar la torre, tumbarse a la bartola, no dejarme dormir la siesta.... lo normal, vamos.

El día que tocó quitar puntos Zelda ya no tenía ni uno y Peach, aunque los tenía todos, no había cicatrizado del todo así que se ha llevado de propina otros dos días de collarín "por buena".

2 comentarios:

Geles dijo...

Más buenas ellas...
Mira que me gusta leer tus relatos. :)

Rebeca dijo...

Qué es eso de separar a mis niñas y ponerles collares raros???
Eso es maltrato, eh???
Pero mira que son preciosas!!!