jueves, 30 de diciembre de 2010

Las últimas fotos del 2010

Como podéis ver las niñas se están haciendo muy grandotas. Todavía son unos peluchines pero cuando se estiran en la cama o se esconden en la cueva se ve que están más apretujadas.

Siguen siendo inseparables. Raro es que estén cada una en un sitio más de cinco minutos. Corretean, se persiguen, se "pelean", comen y duermen como si fueran siamesas.


Zelda es más tontorrona pero mucho más cariñosa. Se deja coger en todo momento y se pone a ronronear inmediatamente. Es la favorita de Geles aunque de vez en cuando la pegue algún mordisco.

Peach es muy lista. Sabe cuando la voy a regañar y deja de hacer lo que no debe en cuanto voy a por ella. Se revuelve cuando la corto las uñas y sólo me deja acariciarla cuando ella quiere. Va "a su bola" pero es mi preferida.

Los cuatro os deseamos una Feliz salida y entrada de año.



Que ya no cabemos


Ni te miro :P
En el radiador
Las dos durmiendo

Zelda mirando las musarañas
Mira que es larga mi hermana



No veo ná de ná
Guapas

domingo, 19 de diciembre de 2010

La aspiradora

Menudo susto nos hemos llevado esta mañana. Fer ha sacado un robot enorme y ruidoso que nos perseguía por todas partes. Ha revisado toda la casa como buscando algo con ese tubo negro. No sabemos si lo habrá encontrado pero ya ha dejado de incordiarnos. Ahora estamos muy tranquilitas pero todavía no nos asomamos, no sea que venga a por nosotras....

Peach cazando

El viernes hice un experimento consistente en dejar la puerta de la habitación abierta por la noche. Quería saber como reaccionarían las dos preadolescentes al poder acceder a una habitación hasta entonces vetada. Mientras estaba encendida la tele las vi asomarse, olisquear, explorar y tardaron poco en subirse a la cama. Pensé que se enroscarían a mi lado y se dormirían pero eso era mucho suponer, claro.


El que se quedó dormido fui yo y a la mañana siguiente.... no estaban. No había desperfectos. Es como si no hubieran estado. Raro, muy raro.

Zelda acecha
Llegué a la conclusión de que se estaban "civilizando" así que el sábado repetí la operación. Ya era terreno conocido y claro, había que explorar más. Las notaba pegar saltos en la cama, corretear de un lado a otro, buscar huecos, peinarme y subirse a la mesilla pero las dejé hacer y me dormí. A una hora indecente (pongamos las 3 de la mañana) me despertó un golpe. Algo había ido al suelo. Me volví a dormir. Pasado otro rato me volví a despertar. Algo peludo estaba al lado de la pierna, bajo el edredón. La saqué y seguí durmiendo. Serían las 7 cuando me desperté de nuevo. Otra vez "algo" estaba durmiendo al lado de mi muslo izquierdo. Repito la operación de meter la mano bajo el edredón y sacar "eso". A las 9 y media me levanté y ya no estaban.

Las dos dando cuenta del plumero

Recuento de fechorías nocturnas: las gafas y el despertador en el suelo, desparramado y sin pilas, un par de cordones de los zapatos hechos cachitos, algunos de los cuales encontré en el salón y yo con sueño como si me hubiera pasado la noche de farra tras despertarme 3 o 4 veces a lo largo de la noche. Conclusión: el dormitorio vuelve a ser zona vetada.


Hoy he pasado la aspiradora por toda la casa y ha sido curioso verlas primero correr como si las persiguiera el mismísimo diablo y luego "desaparecer" para recuperarse del susto. Todavía no han dado señales de vida...

miércoles, 15 de diciembre de 2010

El interruptor

He descubierto que las dos fierecillas tienen una especie de interruptor con dos posiciones, como todos los interruptores e ignoro si como todos los gatos.

Con el interruptor en ON, Zelda y Peach son dos auténticos terremotos que no dejan títere con cabeza. No hay hueco al que no se asomen ni sitio al que no escalen ni material en el que no hayan probado a afilar las uñas o mordisquear.

Con el interruptor en OFF son dos bolitas que se te acurrucan lo más cerca que pueden y que ronrronean sin parar.

Ayer Zelda se dió su primer baño. Fue involuntario. Ni ella ni yo lo habíamos previsto pero se veía venir.

Anoche, mientras con la pala traspasaba del arenero sus cacotas al inodoro, ambas se asomaban curiosas y la tigrita, mucho más intrépida que su hermana, pegó un salto al borde del mismo. La vi y la dejé hacer. Que olisquease, que investigase y a sabiendas de que antes o después pasaría lo que pasó: que se metió de patas en el agua. Tenía la creencia de que el agua para los gatos era algo así como el ácido sulfúrico para nosotros pero no, afortunadamente no es así. Al notar la humedad Zelda pegó otro salto para salir y empezó a dejar toda la casa marcada de huellitas aunque tampoco se la veía muy preocupada por el remojón...

Me costó un rato convencerla que ese trapo rosa que llevaba en la mano no era para envolverla y cortarla las uñas o darla un jarabe como hacía tan sólo hace un par de semanas. En unos minutos la capturé y la medio sequé lo que me dejó, que no la hacía demasiada gracia eso de los "frotones" con la toalla. Voy a tener que comprar un secador para este tipo de contingencias y, de paso, aprovecharé para los "secados programados" posteriores a los baños que empezaré a darlas en breve.

Voy a criar dos gatas nadadoras :P